martes, 14 de febrero de 2017

Reflexión del Papa Francisco:

Hay una levadura buena, que hace crecer y una levadura mala, en la cual no hay verdad y esta es la hipocresía.

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Yo recuerdo que para Carnaval, cuando éramos niños, la abuela nos hacía unas galletas, y la masa era muy fina, fina, fina era la que hacía. Después la echaba en el aceite y aquella masa se hinchaba, se hinchaba… y cuando comenzábamos a comerla, estaba vacía.
Y la abuela nos decía, en su dialecto las llamaban "mentiras": "éstas son como las mentiras: parecen grandes, pero no tienen nada adentro, no hay nada de verdad allí; no hay nada de sustancia". Y Jesús nos dice:

"Estén atentos a la levadura mala, a la de los fariseos".

¿Y cuál es? Es la hipocresía. Estén bien atentos ante la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.

La hipocresía es cuando se invoca al Señor con los labios, pero el corazón está lejos de Él.

Es una división interna, la hipocresía. Se dice una cosa y se hace otra. Es una especie de esquizofrenia espiritual. Además, la hipocresía es un simulador: parece bueno, cortés, pero detrás de sí tiene un puñal, ¡eh!

Pensemos en Herodes. ¡Con cuánta cortesía – asustado por dentro – había recibido a los Magos! Y después, en el momento de la despedida les dice: "Vayan, y después vuelvan y díganme dónde está este niño ¡para que también yo pueda ir a adorarlo!". ¡Para matarlo!
El hipócrita tiene doble cara. Es un simulador. Jesús, hablando de estos Doctores de la Ley, afirma: "Estos dicen y no hacen", es otra forma de hipocresía.

Además, el hipócrita es incapaz de acusarse a sí mismo: jamás encuentra una mancha en sí mismo; acusa a los demás. Pensemos en la pajita y en la viga, ¿no? Y así podemos describir esta levadura que es la hipocresía.

Los niños son el ejemplo de una levadura buena, que siempre dicen la verdad: ¡Con cuánta verdad se confiesan los niños! Los niños jamás, jamás, jamás dicen una mentira en la confesión; jamás dicen cosas abstractas. "He hecho esto, he hecho aquello, he hecho...".
Los niños, cuando están ante Dios y ante los demás, dicen cosas concretas. ¿Por qué? Porque tienen la levadura buena, la levadura que los hace crecer como crece el Reino de los Cielos.

Y que el Señor nos dé, a todos nosotros, el Espíritu Santo y la gracia de la lucidez para decirnos cuál es la levadura con la que yo crezco; cuál es la levadura con la cual yo actúo. ¿Soy una persona leal, transparente o soy un hipócrita?. 

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